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Castillo de los Templarios (Tomar)

Estamos en Tomar, la última ciudad templaria fundada en 1160 por Gualdim Pais. Está bañada por el río Nabao, y con sólo adentrarnos en sus calles, descubrimos su traza medieval, y en ella encontramos un monasterio único en todo el continente: el Convento de Cristo. Esta ciudad fue uno de los lugares más importantes de Portugal. ¿Por qué? Para explicarlo, adentrémonos en su historia.



El personaje a partir del cual va a girar todo nuestro relato se llama Gualdim Pais. Hijo de Paio Ramires y de Gontrode Soares, nació en la región del Miño, al norte de Braga, en 1118. Combatió al lado del rey Alfonso Henriques (Alfonso I) contra los moros por la conquista del reino. Tuvo un papel destacado en la conquista de Santarém (1147) y en la de Lisboa (1149). Después de estas luchas, se embarcó hacia Palestina, donde participó en el Sitio de Gaza en 1153. Aquí permaneció cinco años, y fue ordenado como Caballero de la Orden del Temple.

Al volver de las Cruzadas, gracias a todas las hazañas realizadas, es nombrado cuarto Gran Maestre de la Orden del Temple de Portugal. Estamos en el año 1157. Tres años después, en 1160, Gualdim Pais ordena la construcción del Convento de Cristo y del Castillo de Tomar, que se convertirá en el Cuartel General de la Orden en Portugal. Se instalará en él en 1162. Gracias a este hecho, la ciudad de Tomar se convertiría en una de las más importantes del país, y el Convento de Cristo sería su símbolo.



En 1190, Tomar es asediada por los Almohades bajo el mando del califa Abu Yaqub Yusuf al-Mansur. El castillo estuvo cercado seis días y, a pesar del superior número de las huestes de Yusuf I, Gualdim Pais, a sus 72 años, consigue defender el castillo, impidiendo así la invasión del norte del reino por este lugar. Aún hoy la Puerta de la Sangre es memoria del más violento de eso combates.

Muere en Tomar en 1195, y sus restos descansan en la iglesia de Santa María do Olival, en Tomar.

Convento de Cristo

Como ya hemos dicho anteriormente, fue fundado en 1162 por el héroe, particular de no sólo Tomar sino de toda Portugal, Gualdim Pais, cuarto Gran Maestre del Temple de Portugal. El Convento se instaló en lo alto de una elevación que domina la planicie donde se extiende la ciudad. Está rodeado de las murallas del castillo. Tanto el castillo como el convento han sufrido algunas modificaciones a lo largo del tiempo.



Se comenzó construyendo una charola, conocida como Rotonda de los Templarios. Su forma octogonal imita el sepulcro de Jerusalén. En su interior encontramos diversos frescos, actualmente todos ellos en estado de restauración. Llama la atención el fresco del Cristo, que no presenta como un crucificado, sino como un Cristo vencedor y glorioso, tal y como lo representaban los templarios en sus obras.

Tenemos seis claustros: del Pan, de los Cuervos, de la Hospedería, de Santa Bárbara, del Cementerio, de las Abluciones y el Claustro Grande o Principal, con una fuente en forma de cruz templaria.

Con el infante D. Henrique el Navegante, Gran Maestre de la Orden desde 1418, se construyeron los claustros entre la girola y la fortaleza. Asímismo, bajo el reinado de Juan III de Portual (1521-1557) se construyeron tanto en la iglesia como en los claustros ricos floreados manuelinos, de ellos el más representativo de este estilo es la ventana de la fachada occidental, que podemos contemplar desde el Claustro de Santa Bárbara, y a la cual accedemos a través de la escalera de caracol que hay en el Claustro Grande. Añadir además que en la obra están presentes otros muchos estilos arquitectónicos, como son el románico, gótico, renacentista y, al que ya nos hemos referido anteriormente, manuelino.



Es una visita altamente recomendable. Para los amantes de los castillos y lo medieval, yo diría que obligatoria. El recinto es enorme (ir con bastante tiempo), y está muy bien conservado. Además, al no ser una de las zonas más turísticas de Portugal, se puede visitar sin mucho agobio.

Pues este es el Convento de Cristo, el último castillo templario de la cristiandad.

Capilla de los Huesos (Évora)

Évora, ciudad medieval. Paseando por sus calles nos damos cuenta de que casi no ha pasado el tiempo. Sus jardines, sus palacios, sus iglesias, su catedral, son una clara muestra de su grandeza e importancia en el pasado. Estas calles, ahora llenas de turistas, siguen teniendo ese halo especial de lugar mágico, igual que el que ahora vamos a descubrir.

Entre tantos monumentos que nos encontramos por sus calles y callejas, cabe destacar un lugar impresionante, no por su tamaño o grandiosidad, sino precisamente por esa áurea que lo envuelve y que no deja impasible a nadie que en ella penetra. Se trata de la “Capela dos Ossos”, en la Iglesia de San Francisco.

Estamos a finales del siglo XVI. En este momento histórico los evorenses se enfrentan a un problema de espacio. Los cementerios de las iglesias y conventos franciscanos estaban saturados. No había sitio para seguir enterrando a la población en lugar sagrado. Pero en un momento de lucidez, a unos monjes franciscanos se les ocurrió una solución, si no definitiva, sí por lo menos temporal mientras se construían otros lugares sagrados donde poder enterrar a los vecinos de la ciudad.

Estos sabios y avispados monjes propusieron la creación de una capilla. En lugar de almacenar los huesos que iban exhumando, para hacer espacio a los fallecidos recientemente, en un osario y que terminen allí sus días, podrían servir de ejemplo, tanto a los demás religiosos como al pueblo, de que, hagas lo que hagas en esta vida, seas rico o pobre, inteligente o vulgar, terminarás como ellos. Un monumento dedicado a la fugacidad, brevedad de la vida, y a la constante presencia de la muerte entre nosotros, vulgares mortales después de todo. Decidieron que los huesos "decoraran" la capilla, llegando al extremo de cubrir por entero sus paredes y columnas. 5000 esqueletos se usaron para este propósito, resultando un ambiente siniestro, macabro y sobrecogedor, dando la impresión de encontrarse dentro de una cripta.

La capilla presenta la típica división en tres naves, una central más grande y dos laterales más pequeñas. Se levantó ocupando lo que era el antiguo dormitorio de los frailes. El espacio total cuenta con más de 18 metros de largo y 11 de ancho. Las bóvedas están pintadas con motivos alegóricos a la muerte, como no podía ser de otra forma. Frescos de calaveras y huesos enlazados entre sí bordeados por filas de calaveras crean una composición que no desentona en absoluto con el resto del decorado: calaveras, huesos, cuerpos momificados. La única luz que entra del exterior es por tres pequeñas ventanas practicadas en la pared de la izquierda.

Frente a lo que es el altar de la capilla nos encontramos la tumba del Obispo D. Jacinto Carlos Silvera, asesinado por los soldados de Napoleón durante las invasiones francesas en 1808. A la derecha tenemos un túmulo de mármol donde reposan los cuerpos de algunos de los frailes fundadores del convento franciscano.

Si las calaveras y demás huesos de la capilla no nos ha sobrecogido aún lo suficiente, en la pared de la derecha nos encontramos con algo aún más macabro. Se trata de los cuerpos momificados de dos personas, un adulto y un niño, que fueron descubiertos en unas excavaciones realizadas en la capilla en el siglo XVIII. Cuenta la leyenda que un niño, que bien podría haber sido la reencarnación del mismo Satán, maltrataba y golpeaba continuamente a su madre, todo esto con la complicidad del padre. La pobre mujer, poco antes de morir, exclamó con el último suspiro de voz que le quedaba: "Que la tierra de vuestras sepulturas no os deshaga". Padre e hijo murieron al poco tiempo. Pero la tierra donde fueron enterrados rechazó el polvo en el que se tenían que convertir ambos cuerpos, y así continúan, completos, la carne ya reseca, colgando de la Capilla Dos Ossos para toda la eternidad.

Y para que no se nos olvide, estos nuestro amigos, los sabios, inteligentes y perspicaces monjes franciscanos grabaron en piedra el aviso y la lección que nos dan los que allí yacen:

"Nós ossos que aqui estamos pelos vossos esperamos"

"Nosotros los huesos que aqui estamos por los vuestros esperamos"

En este mismo blog puedes encontrar información sobre otro monumento de Évora, uno mucho más antiguo que esta capilla, el Menhir Dos Almentres.

Citas de la semana

"Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura seguridad y su felicidad."
Thomas Jefferson. Declaracion de Independencia. 4 julio 1776.
"¿Hasta cuándo el furor de los déspotas será llamado justicia y la justicia del pueblo, barbarie o rebelión?"
Maximilien Robespierre.