Dan era alguien especial. Por lo menos, él se consideraba especial. Y estaba seguro que su
familia y amigos también lo consideraban de esa manera. Se sentía querido. Disfrutaba cuando le hablaban, cuando jugaban con él... Sobre todo a la pelota. Ese era su juego favorito.
Cuando se levantaba por la mañana, saltaba de la cama e iba corriendo a buscar a sus papás, Teo y Rosa. Se subía a su cama y les hacía cosquillas. Tenía hambre. Siempre se levantaba con hambre. Había veces que sus papás se levantaban enseguida, pero otras seguían acostados mucho rato. Él, de todas formas, siempre esperaba acostado en la cama de sus papás. Quería mucho a sus papás.
En su casa no había más niños. Él era el único. Y sus papás siempre lo estaban mimando. Le daban galletitas y demás golosinas. Cuando tenía ganas de alguna golosina, sólo tenía que ir a llorarle un poco a su papá para conseguirla. A su mamá no iba porque nunca le daba nada. La única comida que le daba su mamá era la que le ponía en el plato a la hora de comer. A veces, hablaba mal a su papá cuando éste le daba galletitas. No lo entendía. Él sólo quiere comer galletitas, como siempre.
Salía a pasear varias veces al día con su papá, y por las tardes con los dos, con su papá y su mamá.
Cuando sale con su papá es cuando mejor se lo pasa, porque le deja correr, y juega con él a la pelota, y al escondite... Él se esconde y su papá lo busca..., y cuando lo encuentra, se abrazan y se tiran al suelo, y después su papá le da una golosina... Le gustan mucho las golosinas, y jugar a la pelota. Dan tiene muchas pelotas... A veces en el parque se encuentra alguna, y se pone muy contento. Va corriendo a dársela a su papá para jugar con él. Pero no le gusta que se acerque otro niño a la pelota... La pelota es suya, ningún otro niño tiene derecho a jugar con su pelota.
Cuando sale con los dos, es distinto. Va siempre a su lado, y no le dejan ir por donde a él le gusta. Pero da igual. Él es feliz. Es el niño más feliz del mundo. No podía imaginar felicidad mayor.
Ese día iban paseando por el parque al que siempre iban por la tarde. Al pasar a través de un seto, la vio. Estaba debajo de unos matorrales. Era una pelota. Una pelota muy grande, ¡casi gigante!. Fue corriendo a por ella. Cuando la iba a coger, llegó un niño. Y se estaba acercando para quitársela. Le gritó. Para que quedara claro que la pelota era suya. Entonces el niño le pegó una patada. Pero él tenía la pelota agarrada y salió corriendo hacia sus papás. Así nadie le quitaría su nueva adquisición. Pero cuando llegó hasta sus papás, su mamá le riñó.
- Dan, suelta la pelota. ¿No ves que no es tuya? ¿Que es de esos niños que están jugando? -Dijo su mamá, intentando quitarle la pelota. Pero él la sujetaba fuerte. Era suya.
Entonces ocurrió. Su mamá le pegó, y le quitó la pelota..., ¡y se la dio al otro niño! Y encima, le reñía a él. Se sentía mal. Y encima no tenía su trofeo porque su mamá se lo había quitado. Se fue al lado de su papá. Él nunca le reñía.
Ya está oscuro fuera. Y él está cansado, después de estar todo el día jugando. Al terminar de cenar, sus papás siempre se sientan delante de una caja extraña con luces raras. A él eso no le gusta. Lo marea. Así que se tumba en el sofá con la cabeza apoyada en el regazo de su mamá. Le gusta mucho tumbarse ahí y quedarse dormido, mientras su mamá le acaricia la cabeza.
- Dan, venga, a la cama, que ya es tarde. -le dice su mamá todas las noches. - Es hora de acostarse.
Dan baja del sofá, va hasta su habitación, seguido de su mamá, y se mete en su cama. Entonces, su mamá le arropa y le acaricia la cabecita.
- Duérmete, mi niño. -Le dice su mamá con voz dulce. -Sueña con los angelitos.
Él no entiende exactamente lo que le está diciendo, pero seguro que es algo bueno. Está muy tranquilo, muy feliz, prácticamente dormido. Responde a su mamá: "Guau".
Dan
martes, 12 de mayo de 2009
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